miércoles, 3 de abril de 2013

Hombres, mujeres, roles de género y viceversa


Hace poco me encontré cierto texto pululando por las profundidades de Facebook. Este texto para ser más exactos:



Como hombre joven-pero-cuasi-maduro embarcado en guerra santa y épico combate a muerte por encontrar pareja, no pude evitar reflexionar sobre toda una serie de temas, pero más concretamente, sobre esa otra especie inteligente que habita en este planeta (mujeres, creo que las llaman), los roles que nos asignamos, y su influencia sobre esto de encontrar pareja. Sí, ya lo sé, no es exactamente política, pero este es mi blog y haré con él lo que me venga en gana, así que ea, pongámonos con ello.




Si les digo la verdad, entiendo a la autora de semejante texto, al menos en parte. El jueguecito de la seducción puede ser excitante y aleccionador para algunos (sí, yo también he llegado a disfrutar de este) pero si les digo la verdad, a mi por lo general me hace tanta gracia como buscar empleo. Al fin y al cabo, ambas actividades consisten en ser rechazado sistemáticamente e intentar caerle forzosamente bien a alguien, convención social en absoluto restringida a las mujeres. Y, en efecto, ese prototipo de hombre o tipejo (feo, aburrido y huevón, pero absolutamente convencido de su derecho inalienable a llevarse a todas las mujeres al catre), existe, sabe Dios que sí. Los hombres tenemos la variante "mujer bipolar en crisis reproductiva" para curarnos de espantos, a cada cual le toca su cruz. Hasta ahí, todo bien. Pero el texto desbarra, y bastante. Sobre todo cuando empieza a meterse en el terreno favorito de las feministas españolas: el de los roles de lo masculino y femenino.

Es decir, vaya por delante  que a mi me gustan las mujeres más que un tonto un lápiz, tanto las mal llamadas "chicotas" como aquellas consideradas femeninas, pero al parecer las feministas desprecian a estas últimas. Da la impresión de que a la autora le gustaría que estas desapareciesen, tal cual. Y cielos, yo no quiero que las mujeres femeninas desaparezcan, como tampoco me gustaría que desaparecieran los libros de ciencia ficción, las series de la HBO, las abuelas que sobrealimentan a sus nietos o los amigos que mejoran con el alcohol. En definitiva, me gustaría que siguiera existiendo toda la pleyade de cosas y personas que hacen de esta una vida mucho más interesante y en la cual incluyo a las mujeres femeninas, que si quisiera un clon de mi mismo con tetas ya se lo encargaría a la Weyland Yutani, gracias.

Claro que quizás sea un tanto distinto lo que yo personalmente considero como "femenino" respecto al estereotipo criticado en el texto porque esa es otra: los roles de género, lejos de ser una especie de constante universal y homogénea en la sociedad, cambian mucho de una persona a otra, no hablemos ya de si hablamos sobre lo que supuestamente le gusta al sexo opuesto. Muchas veces, me da la impresión de que las mujeres se autolimitan y cohartan ellas mismas de una manera mucho más eficiente de lo que lo haría cualquier plan de educación franquista; como el elefante que se puede liberar desde hace largo tiempo pero que sigue capturado con una frágil cuerda atada a su pata. Muchas de estas historias sobre "lo increíblemente mal visto que estaría esto o aquello" huelen a autoexcusa preventiva que tira de espaldas¿A los hombres ahora resulta que no nos gusta que las mujeres sean "demasiado graciosas" o que sean fuertes y seguras de sí mismas? ¿Y además se deben dedicar a "sus labores" en vez de compartir aficiones propias "de hombres" como, yo qué se, videojuegos y política, para agradarnos? Porque mi experiencia personal es justo la contraria: sintonizar con el sentido del humor de tu pareja es una de las mejores cosas que hay en este mundo, la seguridad ayuda muchísimo a la hora de acabar con patologías como los celos, y las mujeres frikis esas de las que tanto se reían en el instituto por rolear en vez de babear sobre la última boy band son precisamente las que tienes que hacer cola para salir con ellas, bonus si además pueden hablar de fútbol y política con puñetazo en la mesa incluído. Joder con los modelos de conducta para agradar a los hombres. Me da que esos son modelos de conducta más bien para agradar a las, hum, "amigas", no sea que hablen mal de una,  y que esa especie de espantajo machista usado a modo de hombre del saco es una criatura en vías de extinción que a día de hoy habita más en la imaginación que en el mundo real y extenso.

Dicho eso, entiendo de dónde viene la aversión a eso del "rol tradicional femenino". De toda la vida se ha considerado que había una serie de características propias de la personalidad que no casaban con lo que se esperaba de tal o cual sexo, ya saben: las mujeres no pueden ser directas, los hombres sensibles, y así. Aún siendo relativamente joven, tuve que aguantar varias teorías delirantes de patio de colegio según las cuales el hecho de que prefiriera leer antes que ponerme a jugar al fútbol era prueba fehaciente de homosexualidad y el que a tal amiga le fascinara la convertía necesariamente en un bicho raro  o como poco, en chicota únicamente apta para echar pulsos a camioneros en los bares. Sin embargo, el discurso de algunas feministas recuerda invariablemente a esa gran frase de Bender de Futurama coronándose como faraón: "¡Esclavos! ¡Se acabó la vieja opresión! ¡Comienza una NUEVA ERA de opresión!". Maravilloso, vamos. La justicia entendida como un "quítate tú para ponerme yo". El progreso social no consiste en reemplazar un rol por otro, en forzar a la gente a anularse a sí mismo para ser de tal o cual manera, en busca de un "nuevo hombre" (o mujer) que sustituya al actual, en ese discurso político infantil de "...si todo el mundo fuera de tal o cual manera entonces todo iría de puta madre" y que normalmente esa "tal o cual manera" se traduce por "como yo" o "como a mi me gusta". Egocentrismo en estado puro, con una capita de "bien superior" e igualdad" de baratillo por encima para que no huela mucho. No nos engañemos.

Señores, una sociedad igualitarista a ultranza no es una sociedad necesariamente justa, ni igualitaria. En todo caso, será una sociedad más homogénea y opresiva, en cuanto a que seguirá forzando al individuo a adherirse a un patrón determinado de comportamiento esperado por la sociedad. Salvo que ahora ese patrón en vez de ser el de la casposa mujer tradicional, será el de una nueva y flamante mujer liberada (o no) y eso supuestamente es mejor porque... porque lo digo yo. De poco nos sirve cambiar al antiguo amo por uno nuevo, porque oigan ¿Y si no todas las mujeres están de acuerdo con ello? He conocido mujeres que honestamente preferirían dedicarse a ser amas de casa o, sin tener una visión tan tradicionalista y queriendo desarrollarse plenamente en su ámbito laboral simplemente les gusta su manera de ser, que resulta bastante femenina. No a todo el mundo (hombres y mujeres) le agrada ocupar puestos de responsabilidad, demostrar dominio en toda situación social, competir en todos los terrenos de su vida o hacerse cargo de las finanzas. Para aquellas mujeres cuya manera de ser simplemente no encaja con el prototipo de mujer dominante triple alfa al cual supuestamente se debe aspirar para recibir la bendición del mundo moderno la respuesta no puede ser un "pues ahora os toca joderos a vosotras, majas". Una sociedad igualitaria es aquella donde toda persona puede asumir el rol que desee como individuo sin que las circunstancias de su nacimiento (sexo, raza, etc) sean un impedimento para ello. Si una mujer quiere ponerse el mundo por montera y llegar a dirigir el Santander con puño de hierro mientras salta entre los brazos de sus múltiples amantes, bienvenida sea, pero tan legítimo es eso como desear tener cuatro hijos y dedicarse a criarlos. Y ojito: lo mismísimo va para los hombres, que seguimos con unos corsés de género autoimpuestos que tiran de espaldas, y si no se lo creen, digan ustedes caballeros que prefieren no trabajar y dedicarse a criar hijos, o a  ver My Little Pony, ya me contarán las reacciones que provocan en su entorno.

En definitiva, creo que un mundo justo no es un mundo igualitarista, por mucho que a mi me gustaría que todo el mundo fuese de tal o cual manera, si no heterogéneo, donde cada persona pueda tener su manera de ser particular e intransferible sin que ello le suponga ningún tipo de escarnio... o de complacencia hacia sus propios defectos personales. De los roles tradicionalmente considerados como femeninos o masculinos, hay muchas características de cada uno que me parecen admirables y otras no tanto, y creo que esa pareja con la que sueña cada cual tiende a ser un humano hecho a su medida, y no un molde homogéneo de lo que debe ser un hombre o una mujer según el pope de cada época, antes figuras religiosas, hoy ministras de igualdad. Así que qué demonios: sean la mejor versión de ustedes mismas, en vez de pretender ser la versión ramplona de un estandard ajeno. Porque a más tipos de mujeres y hombres haya en el mundo, más probabilidades hay de que alguien se tope con "su" hombre o mujer. Y  eso sí que es algo a lo que merece la pena aspirar ¿No creen?

2 comentarios:

Arthegarn el Peregrino dijo...

Me vais a permitir, ante todo, decir que el texto que da origen al artículo es una memez de primera categoría, escrita por alguien que no entiende qué es la feminidad. Si definimos la feminidad como los atributos del comportamiento de las mujeres que lo diferencian del de los hombres, la lista de “prohibiciones” que enumera no son en absoluto femeninas.

Lo de entrar en una habitación, mirar a ver si hay individuos del sexo opuesto y querer gustarles no es femenino. Va a resultar ahora que los hombres no queremos gustar a las mujeres, vamos, no hay más que cambiar “habitación” por “bar” y fijarse en quien hace más esfuerzos por gustar a quien. Ambos sexos tratan de seducirse, si bien estadísticamente las estrategias pasivas (mírame qué mona soy) son más femeninas que las activas (“entrar”, venderse activamente, etc.). No hablar o reírse demasiado alto es un asunto de educación que atañe a ambos sexos, al igual que no hablar de dinero (en ciertas sociedades, eso sí, como la española, en otras no y así les va a ellos y así a nosotros). No expresarse de forma demasiado categórica o autoritaria son normas que cualquiera que quiera gustar a un desconocido tiene que cumplir. Y lo de que la autoridad y el prestigio sean atributos masculinos (ya que poseerlos va en contra, según ella, de la feminidad) es una estupidez que no merece comentario porque se cae por su propio peso. La autoridad y el prestigio se ganan en competición con los demás y no hay

Y eso de que gustar a los hombres es un arte complicado es para echarse unas risas. No porque no lo sea, que quizá lo sea y sobre todo que ciertas mujeres gusten a ciertos hombres; sino porque es infinitamente más difícil gustarle a las mujeres, sobre todo ciertos hombres a ciertas mujeres, porque los hombres somos un libro abierto que cualquiera puede leer mientras que las mujeres solo se entienden entre ellas (vid. por todos el clásico Los Hombres son de Marte y las Mujeres son de Venus, J. Gray 1995).

Para terminar, lo de calificar hacer comentarios hirientes sobre el físico como masculino queda desdicho por la propia nota y la descripción de alguien que podría ser perfectamente yo. La crueldad, la superficialidad y la falta de empatía no dependen del sexo, sino de la inteligencia. A menos que resulte que la autora del texto sea particularmente masculina, claro…

Respecto al artículo en si mismo no estoy de acuerdo en varios puntos, en particular en su conclusión, que es un non sequitur como un piano de cola: si todos fuéramos homogéneos encontrar a “nuestra” pareja sería más fácil, ya que (i) solo habría un tipo de pareja en la que elegir y (ii) al no haber elementos de comparación ni entre individuos ni entre clases de individuos, ese arquetipo de pareja sería todo lo que podríamos querer del otro sexo. Pero, vamos, que el texto original parece salido de una de las entradas de La Mosca en las que se pone particularmente cojonero…

Ikael dijo...

Oh, huelga decir discrepo profundamente del texto original, pero me parecía una buena manera de dar pie al resto de la argumentación. Tiene especial guasa que una mujer española hable de lo complicado que es gustarle a los hombres en el país donde la fotosíntesis es considerada como técnica de seducción femenina y seguimos con rituales de cortejo decimonónicos, pero vamos, la intención era hacer un artículo a la contra, o al menos, en parte.

En cuanto al non sequitur, partes de la base de que toda persona se gusta a sí misma (al menos como pareja) y que por lo tanto, no tardaría en ver resuelta su vida sentimental en un hipotético mundo homogéneo, cosa que dudo

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