lunes, 4 de marzo de 2013

Decadencia y caída de la civilización sentimental

Hace unos días, tuve una muy interesante conversación con una buena amiga mía sobre el tema de las emociones llevadas a la esfera pública. Ella me argumentaba, en la mejor tradición latina, que las emociones, ya que son importantes para el individuo, deben de tener también relevancia política. Yo defiendo justo lo contrario. Creo que la combinación de emociones con la política, o peor aún, del uso de la emoción como justificación de la acción política ha llevado a las mayores atrocidades cometidas por el ser humano. Sé también que mi opinión es francamente minoritaria en España, y que estoy sumergido en una cultura que glorifica el sentimentalismo y el colectivismo, cuando no directamente la histeria de masas. Y creo que los hechos avalan mi postura, como prueban los resultados de las últimas elecciones italianas. ¿Cómo? ¿Qué dice? ¿Que qué tienen que ver los cojones con comer trigo? Pues sigan leyendo, porque de esta madeja se pueden sacar varios hilos que tiran de la actual situación de neto declive económico y social del Sur de Europa.

Dime otra vez eso de cómo los males del mundo los causa "la razón"






Sin embargo, volvamos a lo primero: no estoy totalmente en desacuerdo con la afirmación de mi amiga. Las emociones son importantes para el individuo. El ser racionalista a ultranza es un ser tan incompleto como el puramente emocional. Gran parte de la salud mental gira entorno al equilibrio y reparto de funciones entre ambas áreas del cerebro, de ahí la pujanza del término "inteligencia emocional". Y en efecto, tal y como defendía mi amiga: no todo el mundo puede tener conocimiento, por lo que a falta de este, la gente tira de lo que tiene a mano: sus propias emociones. "No pretenderás que todo el mundo conozca la ley antidesahucios... no la conozco, pero sé que es mala, porque sé que me hace sentir mal, nos hace sentir mal a muchas personas" argumentó. Me estaba describiendo, en efecto, el estado actual de las cosas. Una reedición de "La rebelión de las masas" de Ortega y Gasset, versión charla de bar. Al fin y al cabo, las masas suelen ser irracionales, y sobre todo, valoran sus propios sentimientos. Y el conocimiento racional lo suplimos con el sentimental normalmente (nunca a la inversa). Y sí, el sentimiento es un tipo de conocimiento valioso si se sabe gestionar. Y, como iba comentando, aquí en España de eso no sabemos. El sentimiento no se gestiona: se canoniza y eleva a los altares únicamente por el hecho de existir. Y es que los españoles tenemos una idea muy errónea de qué es eso de la inteligencia emocional, no hablemos ya cuando lo llevamos al terreno de la esfera pública. Aquí la gente suele pensar que tener una baja inteligencia emocional está relacionado con prestarle demasiada poca importancia a las propias emociones. Lo cual es netamente falso. La inteligencia emocional consiste en prestarle atención a las propias emociones, que no importancia. Es decir, analizarlas... y actuar en consecuencia, es decir, racionalizarlas. Lo cual implica saber distinguir el trigo de la paja (mental), y discernir cuáles emociones te convienen, cuáles no, y sobre todo, saber de dónde surgen para dejar de ser un pelele indefenso en manos de tus propias emociones para empezar a ser un humano completo, cabal y sobre todo, con dominio de sí: poner las emociones a tu servicio (necesarias, en efecto, para impulsarnos a la acción) en vez de ser un esclavo de las mismas.

Eso, como iba diciendo, es la antítesis de lo que hacemos los españoles. Aquí no hay análisis, ni introspección, ni leches en vinagre. A las emociones se les da importancia pero no atención, como el padre que malcría a sus hijos porque son "importantes" para él, pero que luego no dedica ni dos segundos a estar con ellos. Toda emoción es válida para nosotros. Toda emoción es respetable. Toda emoción es sagrada y digna de elevarse a los altares, sobre todo si es un sentimiento de ofensa e identidad, principales aliados de la corrección política y nacionalismo de todo pelaje. Las lágrimitas de cocodrilo valen como argumento en un debate. Y huelga decir que toda acción de cada uno debe estar guiada por la emoción: de lo contrario, uno es "insensible" y "frío". Y consecuentemente, se llega a la peor conclusión de todas: que cualquier acto queda justificado por la emoción, siempre, haciendo de esta un argumento de peso. El "yo siento", "yo creo" , y "yo quiero" para el español tienen preponderancia frente al "yo sé", "yo pienso" y "yo necesito". Y como estamos hablando de una manera de ser, más que de una idea concreta, dicha mentalidad tiene validez transversal: no entiende de ideologías ni colores. A eso se le añade otro factor aterrador adicional: la preponderancia de la emoción de masas como elemento de mayor peso a la hora de justificar el propio comportamiento ¿qué hay más importante que una emoción? ¡Una emoción sentida por mucha gente al unísono! ¿El resultado de semejante planteamiento vital? En mi opinión, el desastre. El desastre más absoluto.

Para aquellos que no vean la relación entre el actual estado de postración de España y otras naciones mediterráneas con una similar visión de los sentimientos como algo a glorificar, un apunte: la política no es algo que uno pueda desligar de la ciudadanía y su manera de ser, máxime en un sistema democrático (más o menos) representativo. La política no opera en el vacío, si no que se asienta en estructuras preexistentes, incluyendo, cómo no, nuestra relación con los sentimientos. Porque señores, de esos polvos sentimentales nos llegan otros tantos de nuestros lodos.

Para empezar, nuestra legendaria crispación. Cuando el debate se centra en los sentimientos, este deja de ser un debate para convertirse en poco menos que un coro de egos histéricos y ofendidos. Pongamos un caso típico:  "yo no me siento español". Contraargumento: "pues yo sí". ¿Quién tiene razón? ¿Quién tiene un mayor argumento de peso frente a otro? ¿Por qué un sentimiento debe de prevalecer sobre otro? Hay quien razona, con un concepto infantil y ridículo de democracia, que eso se dirime "votando", arguyendo que los sentimientos mayoritarios tienen, de algún modo, mayor legitimidad o preponderancia en una democracia (ignorando convenientemente que todo movimiento totalitario de corte fascista se ha basado siempre en el sentimiento común de la mayoría pueblo) pero eso es también falso: el conflicto sigue sin estar resuelto porque ¿quiénes son todos esas otras personas para imponer  sus sentimientos sobre los míos? ¿qué les da derecho a imponerse sobre mis sentimientos sólo porque son más numerosos? Y más aún ¿qué criterios se siguen para determinar quiénes deben de decidir sobre algo si todo sentimiento es válido? O siguiendo con el ejemplo: ¿quién da vela en el entierro de "me siento español o no"? ¿Se incluyen catalanes, españoles, cuentan residentes e inmigrantes, se excluye a las provincias donde el sentimiento es minoritario o...? Como se puede ver, basar el discurso y debate político en los sentimientos, en vez de en solucionar problemas a lo que lleva es a su enquistamiento y putrefacción dado que para que alguien gane semejante discusión tienes que dar por hecho que existen sentimientos superiores a otros. Así pues, el debate desaparece, los argumentos racionales se obvian, los problemas siguen sin resolverse y todo se dirime en disputas identitarias que, por cierto, otorgan un poder brutal y desmedido a los medios de comunicación que al fin y al cabo, son quienes dirimen el sentimiento público del momento (decid "hola" a Berlusconi y su imperio mediático) ¿o acaso crees que tú controlas tus propios sentimientos a voluntad?

En medio de semejante melé, hay personas que incluso defienden que, una de las funciones del estado consiste en (atención) "regular el sentimiento público". Y una buena parte de ellas, aunque no lo verbalice de una manera explícita, sí que asume que al menos una parte de sus sentimientos depende de lo que el estado haga o deje de hacer. Esto me parece ya el maldito colmo de la puerilidad. Es decir, no contentos con ceder al estado poderes omnímodos sobre casi todas las áreas de nuestra vida, hay gente que, al parecer, es tan incapaz, infantil y vasalla que desea que el estado regule algo tan personal e íntimo como sus propios sentimientos, o que directamente da un interés tan desmedido a estos que los consideran dignos de interés público. Wow. Quiero decir: WOW. Porque aquí ya salimos de la mera ideología para entrar de lleno en el terreno personal. Y no hay nada que me saque más de quicio que la gente que no se responsabiliza de sus propias emociones. Gente para la cual la llave de su felicidad la tiene siempre otro y el cómo ellos se sientan en un momento dado es siempre culpa de una tercera persona. Esa gente, como iba diciendo, merece absolutamente todo lo que les pase, porque señores, dejen de linchar políticos y banqueros: estos tipejos son los que nos han conducido a nuestra actual situación.

Porque cuando se antepone el sentimiento y el electorado demanda que nos acaricien el ego antes de que se solucionen los problemas del país, llegamos al actual estado de las cosas. Con una política y leyes altamente ineficientes, en el que los problemas y necesidades reales del ciudadano quedan desatendidos pero donde eso sí, nos hacen sentir muy bien con nosotros mismos. Las mujeres maltratadas no paran de morir a puñados, pero nos sentimos muy bien con nuestra legislación feminazi e ineficaz, porque al menos "sobre el papel" se condena muy mucho la violencia machista, y bueno, siempre mola linchar a Tony Cantó cuando diga algo políticamente incorrecto. Nuestras leyes protegen también muy bien sobre el papel a los derechos sindicales (y con una asimetría brutal para la pequeña empresa que es la que genera la mayor cantidad de puestos de trabajo en el país) pero luego resulta que mira tu por dónde, te pueden despedir en un pis pas y acabamos teniendo la mayor tasa de paro de toda Europa pero ¿qué importa, si esas leyes no solucionan problemas si al fin y al cabo nos hacen sentir bien con nosotros mismos, eh? Incluso cuando las leyes consiguen efectos contrarios a los que se proponen, como la muy mongólica ley de urbanización de la CAM que alienta la construcción horizontal (adosados) frente a la vertical (pisos) y obliga a rellenar el suelo con extensiones infinitas de parques: eso conlleva una mayor ineficiencia energética y un mayor uso del coche (porque obviamente, a más extensa la ciudad peor la vas a recorrer a pie), pero ooooh, nos sentimos muy bien con nosotros mismos porque así tenemos más parques y podemos vivir en chalets que nos dan una >sensación< de ser "ecológicos" porque vemos mucho verde por la ventana. Dios bendiga el sentimentalismo barato y la caterva de subnormales que lo adoran, pues de ellos será el reino de los políticos coleguitas, pero jodidamente inútiles a la hora de administrar la cosa pública.

Señores, déjense de eufemismos y dejen sobre todo de mentirse a sí mismos. Dar importancia desmedida a los propios sentimientos hasta el punto de elevarlos a la categoría de asunto público no es algo propio de "gente sensible", si no de narcisistas egocéntricos e inmaduros, que es exactamente el tipo de votantes que le gustan a nuestros políticos por una sencilla razón: Siempre es más fácil predicar que dar trigo. Siempre es más fácil mimar el ego del elector con cuatro palabritas y leyes ad hoc (regadas al alimón con un par de telediarios que nos den la razón en vez de informarnos) que pedir cuentas,  resultados y eficacia. ¿Quieren una mejor democracia? ¿Qué tal si empezamos por un mejor electorado, de adultos responsables y dueños de sus propias emociones en vez de una masa infantil, gritona y amorfa en un perpetuo estado de adolescencia (y carencia) sentimental? ¿No les parece mucha coincidencia que la democracia naciera en la muy racionalista Grecia clásica? ¿Y que donde está viniéndose abajo sea en los muy sentimentaloides modernos países de la ribera mediterránea? ¿Quieren ser europeos de verdad? ¿Sí? ¿En serio? ¿No notan, no sé, como algo más de frialdad y racionalidad en el trato con los europeos del norte? Pues pongámonos a ello. Dejemos de ser vasallos. Dejemos de ser esclavos de nuestras propias emociones. Una democracia no es un gobierno para vasallos. No es un gobierno para niños indefensos y huérfanos con necesidad de que otra persona cuide de ellos y de sus sentimientos. No  es un gobierno para adolescentes perpetuamente fascinados con su propio ombligo y que reclaman atención constante sobre sus emociones hormonadas. La democracia es un gobierno para hombres y mujeres hechos y derechos. Para adultos sin tiempo que perder en sentimentalismos vacuos, porque tienen bocas que alimentar, empresas que sacar adelante, países que levantar. Ya saben, las cosas que de verdad importan, los sentimientos verdaderamente profundos que van más allá del cabreo puntual y lo bien que se siente uno gritando en un campo de fútbol o un mítin político.

En definitiva: lo que está en declive no es tanto un modelo social o económico concreto, si no una manera de ser que hace de la gestión de los asuntos públicos una cuestión puramente emocional. Hemos alumbrado una civilización hipersentimental y sensiblera (pueden llamarla también "argentinizada") que nuestros políticos han alimentado gustosos, y que en estos momentos hace aguas, incapaz de gobernarse a sí misma porque ¿Cómo va a gobernar a un país un electorado que no sabe cómo gobernar sus propios sentimientos ni ser dueños de sí mismos? ¿Cómo pretendemos cambiar el mundo sin plantearnos si quiera, un mínimo cambio personal? O en definitiva ¿Cómo ser vamos a dejar de ser PIGS para convertirnos en europeos de pleno derecho sin ser, al menos, un poquito más racionales? Vamos señores, no es tan difícil. Cambiarse a uno mismo no es una quimera: si los españoles y pueblos del Mediterráneo hemos cambiado a peor, también podemos hacerlo a mejor. Cambiar a una sociedad es algo más complicado, pero está relacionado con sacar lo mejor de nosotros mismos en vez de recrearnos en nuestros instintos más bajos. Podemos hacerlo, nadie dice que sea fácil, pero desde luego no es imposible. Y no hagáis caso de los que amenazan con el fantasma de la pérdida de la identidad y la alegría de vivir (la identidad, esa vieja trampa del ego): ya fuimos más racionales en su momento ¿Se acuerdan? ¿Cuándo dábamos al mundo Leonardos da Vinci, Quevedos o Migueles Sevet? Cuando logremos recuperar ese punto de cordura, recordaremos por qué eso del renacimiento surgió en Sur de Europa. Hasta que eso suceda, lo único que lograremos producir serán Mama Chichos y Bárcenas. Ah, y sentimientos. Un montón de bonitos, horribles e inútiles sentimientos.

8 comentarios:

Arthegarn el Peregrino dijo...

Tengo a medio escribir un articulo titulado "Os tratan como idiotas porque es que sois idiotas" en el que vengo a decir practicamente lo mismo. Una vez mas, sin estar totalmente de acuerdo con los detalles de lo que dices, coincidimos al 100% en el fondo. Para enmarcar, por cierto, el argumento de tu amiga: "no la conozco, pero sé que es mala, porque sé que me hace sentir mal". Como diria Kahneman, WYSIATI.

Ikael dijo...

Genial la alusión al "What you see is all there is", Arth, porque es una de las (muchas) trampas de nuestra "mente rápida". Espero con ansia ese artículo, aunque creo que se va a parecer bastante a uno que tengo en la recámara: "6 mentalidades netamente españolas que han mandado el país a tomar por el culo". Brace yourselves!

Zylgrin dijo...

Después de reflexionar un poquito, tengo una pregunta que hacerte: ¿y qué pasa con los americanos?
Si hay un pueblo que se guía por las vísceras a la hora casi cualquier decisión -incluido por supuesto el voto-, es el estadounidense. Si hay un pueblo que exalta los sentimientos y el egocentrismo, es el americano. Eso, entre otras cosas, hace que un amigo mio llame a los españoles "los americanos de Europa". ¿Por qué, entonces, a ellos les va tan bien y a nosotros tan mal? La primera respuesta que se me ocurre es: a) porque parten de más arriba, b) porque ellos pueden en efecto elegir entre mejores opciones.
Algo en lo que (casi) todos estamos de acuerdo, sentimentalistas y racionalistas, es que nuestras opciones políticas son basura. Basura reciclada, basura orgánica, basura tecnológica... de todo tipo. Hasta basura que se vende como antigüedades. Y ante eso es bien difícil actuar.

Ikael dijo...

Gracias por tu comentario, Zylgrin, pero discrepo en tu visión de los EEUU: los americanos comparados con nosotros son poco menos que androides (con un gran sentido del humor, eso sí). Los padres americanos no son ni una milésima parte de sobreprotectores de lo que son los españoles, creen firmemente en el darwinismo social y en el "búscate la vida, chaval", y a lo largo de la historia han demostrado una tendencia bastante sana a ignorar sus propios sentimientos y vísceras por el bien de su nación.

Ten en cuenta que los americanos (o al menos, sus 13 colonias originales) son descendientes de ingleses, holandeses y alemanes y bueno, son como que tirando a poco latinos (salvo que nos vayamos a lugares como Miami). Otra cosa es que el carácter de los pueblos cambie con el tiempo (no hay nada inmutable), y que bueno, de un tiempo a esta parte se hayan vuelto bastante más sentimentaloides (es lo que tuvo el 11-S, que les hizo perder la chaveta) y fíjate tú, eso ha coincidido con lento su declive, lo que son las cosas...

Y en efecto, nuestras opciones políticas son basura. Delhenda diputator hispaniae, amigo Zylgrin. Pero... ¿quién demandó y votó a esa basura en un primer lugar? ¿Quién decidió que lo importante era sentirse bien antes que solucionar problemas reales?

Zylgrin dijo...

Perdona que no me haya presentado adecuadamente (veo que piensas que soy chico): soy la hermana de Arthegarn. De las tres,a la que conoces :)
Ciertamente tengo la sensación de que los estadounidenses son sentimentales. No me suena una sola campaña norteamericana, ni de la izquierda ni de la derecha, que haya estado más basada en el "esto es lo que queremos hacer" que en el "identifícate con nosotros". La izquierda se identifica con anuncios de Benneton y la derecha con "ALABAMA, SEÑOR!". Aunque, de nuevo, igual esto es lo que han presentado los medios en España y dista bastante de la realidad- conozco varios norteamericanos y uno es un buen amigo, pero nunca he visitado el país, así que mi percepción está claramente sesgada-.

Ikael dijo...

Ooooh, hola hermana de Arth!:D los estadounidenses son, digamos, más sentimentales que un finlandés, pero se me siguen haciendo más fríos que los españoles (así grosso modo). Impresión también personal mía :p y en efecto, su política últimamente parece haberse hecho más identitaria, más acalorada, más sentimental, más... latina.

¿Ves una relación entre eso y su actual declive? Porque a mi me parece claro que la civilización racional se gobierna siempre mejor a sí misma que la sentimental, a los hechos me remito ;)

Arthegarn el Peregrino dijo...

Si se me permite dar mi opinion de por que a los americanos les va mejor que a nosotros, probablemente sea una combinacion de, entre otros, estos factores>

1.- Verdaderamente tienen muy claro que es la libertad y por tanto que es la responsabilidad. Alli quien rompe, paga.
2.- Como tienen claro que es la responsabilidad se piensan dos veces las cosas antes de hacerlas porque saben que no pueden esperar que, si se arruinan, Papa Estado venga a echarles una mano. Notese que estoy hablando de como piensan los estadounidenses como individuos.
3.- Como corolario de lo anterior, quieren ser los propietarios de los frutos de su trabajo. Eso hace que se resistan como gato panza arriba a los impuestos y que exijan cuentas de hasta el ultimo centavo que pagan a sus diversos gobiernos.
4.- Last, but not at all least tienen un sistema democratico que es, basicamente, un sistema censitario. Aunque en teoria puede votar todo el mundo, a la hora de la verdad solo pueden votar los que se registran, y solo se registran los que estan minimamente interesados en la vida politica. Eso hace que, si bien su Pueblo es tan sensible a la demagogia como cualquier otro, sus votantes lo sean mucho menos.

Quiza no haya que mirar tanto si los ciudadanos estadounidenses son mas o menos emocionales, o ven mas o menos bien el recurso a la emocion en la vida publica, que los de aqui. La pregunta es si esa diferencia se produce entre la masa electoral, que elige y pide responsabilidades a los cargos publicos, no entre la masa ciudadana.

Y me velvo al tajo.

Joaquín Bolaños dijo...

Me encantan tus artículos, los estoy publicando por mi facebook y ya me he leído todos. Espero que pronto compartas más, por mi parte tienes un seguidor más y esperemos que vaya in crescendo.

Un saludo :)

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