lunes, 28 de julio de 2014

Repúblicas, monarquías, cuadrillas y el debate identitario español

Pues no sé si lo habían notado, pero últimamente parece que soplan vientos republicanos por España. Nunca deja de sorprenderme las pasiones tan (y tan) brutales que los símbolos despiertan en los españoles. Sin embargo, no debería extrañarme a estas alturas: símbolos como la tricolor o el Rey no son si no una extensión del debate más crucial de España que ha acabado suplantando a todas las demás cuestiones políticas: el debate identitario. Y aunque uno pueda pensar que los símbolos en sí son algo superfluo y que no nos dan de comer, lo que subyace detrás de ellos es una pregunta de la cuál depende nuestro futuro ¿Quiénes somos los españoles? ¿Con quienes (o qué) queremos identificarnos? Más aún: ¿Cón quiénes deberíamos identificarnos? ¿Quiénes son "los nuestros"? O mejor aún, una pregunta más fundamental y antigua que se hace el ser humano: ¿quién soy yo? ¿Y quienes somos ese mítico "nosotros"? De responder esas preguntas depende el futuro de nuestro país. Y el de otros tantos.

Ganaría las elecciones de fijo, oigan


Ese es el eterno dilema político de los españoles, y surge de algo mucho más personal: nuestra mentalidad de cuadrilla. Es una manera de entender la amistad y los grupos de pertenencia muy peculiar y que sólo se ve en estas latitudes, yendo mucho más allá del humano y universal "exogrupo VS endogrupo". Y ese virus infecta a los andaluces, los madrileños, los catalanes, y (todavía más) los vascos. Todos nosotros, sin excepción. El Español medio profesa una lealtad y cohesión de grupo brutal y perruna, pero ojo, únicamente a un círculo reducido, inmediato, íntimo y homogéneo de amigos. Basta con que haya una ligera diferencia de opinión, gustos o simplemente, estilo de vida ("mira a fulano, ya no sale con nosotros todos los fines de semana desde que tiene un hijo") para que alguien deje de ser "de los nuestros". Y más importante aún: basta con que haya un mínimo de distancia física (vamos, que no veas todos los días al sujeto o que viva tres calles más abajo) para que se pierda por completo todo intento de empatía con el mismo. Eso sí, quien logra introducirse en estrecho el círculo de "los míos", será defendido a muerte, y "a muerte" quiere decir A MUERTE CON LOS MÍOS.

Esa mentalidad nos parece a los españoles una manera de ser sana, positiva y "auténtica" de vivir la vida.

Pues bien, ya es hora de que alguien nos lo diga: Esa mentalidad es una manera de ser tóxica, patética y lesiva de vivir la vida. Y de hacer política.

Al estar "a muerte con los tuyos", lo que dejas es una puerta abierta para que cualquier caradura se aproveche de ti porque total "tío es que es nuestro amigo". Parásitos con "derecho a" únicamente por proximidad social, los españoles no es que seamos más vagos ni más caraduras ni más deshonestos que el resto de los mortales, si no que hemos creado un entorno social en el que los vagos, caraduras y deshonestos pueden medrar y aprovecharse hasta el infinito de la buena voluntad ajena porque ponemos la cohesión y lealtad de nuestro grupo inmediato en un condenado altar por encima incluso de nuestras propias necesidades e intereses personales ¿Conocen al típico jeta al que nadie soporta pero que el grupo de amigos tolera porque total, "cómo no va a venir con nosotros si siempre que quedamos, quedamos todos juntos"? Ese es el político exculpado por el electorado a pesar de sus corruptelas. Es un impresentable pero es "de los nuestros" y con eso nos basta aunque no aporte nada de valor a nadie del grupo. Le queremos por lo que es, no por lo que hace. Y así nos va.

Por otra parte, tenemos el otro lado de la ecuación: lo increíblemente difícil que resulta entrar en la cuadrilla esa con la que hay que "ir a muerte". Los españoles somos por lo general gente que nos gusta hacer "lo de siempre", con "los nuestros" y por lo tanto, nos tiramos la vida chapoteando en una zona de confort social francamente tóxica. Traducido a términos políticos, esta actitud lo que crea es un rechazo brutal al que viene de fuera o se diferencia mínimamente de nosotros mismos. El círculo de la solidaridad española se limita a nuestro pueblo y si acaso, a nuestra región... y eso sólo si me das la razón en todo lo que digo, claro. Caso contrario, tú no eres un verdadero español / catalán / vasco / lo que sea y, oh, ah, que te den, maldito villano con el que no tengo NADA que ver (catalanes pensando que tienen más en común con un islandés que con un español: ese clásico). Lo cual lleva a unas tensiones identitarias brutales en dos ejes distintos: el territorial y el ideológico. Eso hace imposible la creación de una sociedad verdaderamente cosmopolita con una pluralidad de ideas dentro de la misma, así como el establecimiento de facto de cualquier red de protección social. El español suspira y llora por un estado omnímodo y protector que se ocupe "de todo y de todos", pero luego se le revuelven las tripas al tener que dejar de lado su víscera y poner de su parte a la hora de hacerlo económica o emocionalmente viable porque bueno, ese "todos" quiere decir "todos los míos". Adelante con los vagos andaluces, los insolidarios catalanes, los vascos terroristas, los madrileños chulos opresores, fachas malvados, rojos que rompen España y mil y un estereotipos de odio al vecino ¿quién va a querer aportar nada al esfuerzo común para ayudar a esa gente? Los españoles podemos ser patriotiqueros, pero no entendemos de patrias si no de tribus, porque puede nadie hace por ayudar al otro   y para colmo de males, en cuanto alguien se diferencia lo más mínimo de otra persona, deja de ser de los míos. Un "otro" más.


Arriba, la chupipandi al completo

Esa mentalidad de "a tope con los míos" no es una manera "auténtica" de vivir. Es puro veneno mental que cambia una vida plena por un mero ejercicio de subsistencia, "ir tirando" y evitación de riesgo social. Estás vegetando, no "viviendo auténticamente". Esa no es una manera de construir un país moderno en el que sentirnos a gusto. Esa es una manera de convertirnos en un montón de tribus de salvajes enfrentados entre sí  por cuitas absurdas y ancestrales. Estás dinamitando tu propio futuro, no "luchando por los tuyos".

Por eso, y retomando el primer párrafo del artículo, cuando llegó el día de la proclamación de Felipe VI, mi buen Arthegarn tuvo una idea genial. Reunió a amigos monárquicos y republicanos para asistir juntos a la misma. Para celebrar los símbolos comunes y proclamar que la hermandad estaba por encima de la diferencia, política, o de cualquier tipo. Unos gritaban "¡Viva el rey!"! y los otros respondían "¡Viva!". Aquellos respondían con un "¡Viva la república!". Y los monárquicos, como no podía ser de otra manera, respondíamos con un sonoro "¡Viva!". La gente nos miraba por la calle. No entendían nada. Nosotros, simplemente, sonreíamos.

Y así, hicimos un poquito, una chispa, una miajita de país.

Sí, sé que este es un dilema difícil de resolver. Sé que no sólo somos los españoles los que estamos en estas, que el muy europeo debate de "asmiliación VS multiculturalidad" va también por ahí. Sé que ¿Y quienes somos "nosotros" en este raro y globalizado mundo? es una pregunta compleja.

Pero ya les digo que la respuesta que los españoles le hemos dado hasta ahora, está trágicamente equivocada y nos ha llevado a nuestra actual crisis, después de llevarnos a una guerra civil. Y que quizás, sólo quizás, la respuesta al enigma resida en esos "vivas" y sonrisas que tanta perplejidad causaban.

Pero ese es un tema que merece artículo propio.

1 comentarios:

Arthegarn el Peregrino dijo...

Pues yo mira que estoy en desacuerdo contigo, al menos en el planteamiento del artículo. Los españoles pasan de sus símbolos cosa fina. Hay minorías muy concienciadas de españoles que se identifican mucho con una causa y hacen suyos sus símbolos, pero quitando a esas minorías al común de los mortales los símbolos se la traen floja. Oh, puede que critiquen al rey Juan Carlos sobre un café, pero no van a mover un dedo al respecto. Y en eso, en el movimiento, es como se ve lo que le importa a la gente y lo que no. Y si a los españoles les importara de verdad un pimiento sus símbolos no seríamos tan ridículos de seguir con un himno sin letra.

Otra cosa es eso que mencionas, la mentalidad terruñística, que diría Mithur. WYSIATI al cubo, oiga. Ahí estoy de acuerdo. E iría más allá para criticar como cambiar de opinión en España es ser un veleta mientras que seguir erre que erre con lo mismo contra viento y marea es signo de integridad y muestra de confianza. ¡Viva la contrarreforma, 550 años después! ¡Vivan las caenas!

El problema, o uno de los problemas que creo que te has olvidado de mencionar, es que en España las identidades grupales se definen “contra” no “por”. Lo raro es encontrar grupos que lo que quieran es luchar por hacer algo o conseguir algo; lo normal es encontrarte pequeños grupos de autodefensa y guerrilla cuya misión fundamental es evitar que el grupo de al lado consiga lo que quiere; destruir el progreso del otro y no progresar tú. Mauri (Luis Merló) hizo más por los derechos y sobre todo la normalización de los homosexuales que el COGAM y la FEGFTB juntos porque, en vez de dedicarse a criticar e intentar destruir el mensaje negativo de la (jerarquía de la) Iglesia y del (ala más conservadora del) PP, se limitó a ignorarles y a transmitir una imagen y un mensaje específico y constructivo. Así se cambian las cosas para mejor; construyendo tú y no destruyendo lo que hace el contrario. Incluso en política, con la posible excepción de quienes votaron a Aznar en sus dos últimas campañas, en España no se vota por algo sino en contra de lo demás. Se votó a Felipe contra Suárez y los restos del franquismo, a Fraga y a Anguita contra Felipe, a Zapatero para echar al PP, a Rajoy para echar a Zapatero e incluso hoy en día el gran movimiento pujante, Podemos, tiene como ideario fundamental y corpus compartido por toda la militancia el echar, no a Rajoy, sino absolutamente a todos. Y luego ya veremos qué hacemos nosotros con el poder porque lo importante no es el qué hacemos, es el cómo (ahem).

Pero oye. This is Spaña. Y al que no le guste, que emigre o empiece a dar ejemplo a ver si a largo plazo se consigue algo...

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